Fraternidad Misionera


Jesús es la Vida, nuestro Camino y la Verdad

Devocionales del Mes

Cada día antes de comenzar con los afanes, toma tiempo para estar a solas con Dios.

Conectarse con él es para recibir las cosas necesarias a fin de enfrentar los desafíos de la vida.

"El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan, él dejará que ustedes lo hallen". 2 Crónicas 15:2

¿Quién es la fuente de tus obras?

"Porque mis pensamientos no son los de ustedes,ni sus caminos son los míos—afirma el Señor—.Mis caminos y mis pensamientosson más altos que los de ustedes;¡más altos que los cielos sobre la tierra!". Isaías 55:8-9

No había duda que Abraham debía tener un hijo; lo que estaba por decidirse era la persona por medio de la cual debía ser engendrado. Dios no estaría satisfecho con que Abraham tuviera un hijo, pues para estarlo ese hijo tenía que ser engendrado por medio de Sara. Este era el punto en que Dios y Abraham diferían.

Dios no hace hincapié en el mero hecho de que algo ocurra, sino en la fuente del hecho. A menudo nuestra atención se centra en lo correcto de los resultados y del procedimiento. Todo lo que pensamos que es correcto y apropiado lo aceptamos como tal. Pero ante Dios lo que cuenta es el origen de la acción y la persona que la realiza. No es suficiente decir que algo es la voluntad de Dios; debe determinarse quién es el que la cumple. Ciertamente la voluntad de Dios es que un hijo sea engendrado, pero ¿quién dará a luz a este hijo a fin de que se cumpla la voluntad de Dios? Si el acto lo realiza uno por su propio esfuerzo, el resultado será Ismael.

La intención de Dios era que Abraham fuera el padre. Por tanto, hizo una obra especial en él a fin de mostrarle lo que significa que Dios sea el Padre. Dios como Padre es el origen de todas las cosas. Si Abraham no entendía que todo sale de Dios y que, por tanto, es el Padre, no sería apto para ser el padre de muchas naciones. Con todo y eso, fue Abraham quien engendró a Ismael, no Dios.

La mayor prueba para los hijos de Dios radica en escoger la fuente de sus obras. Muchos hijos de Dios consideran ciertas cosas “buenas” o “correctas” o “incluidas en la voluntad de Dios”, pero detrás de estas cosas está el yo haciendo toda la obra, y ellos no tienen conciencia de la obra de la cruz ni dan lugar a que Dios quebrante su vida carnal. Bajo estas condiciones, dichas personas hacen la voluntad de Dios, al llevar a cabo muchas cosas que ellas consideran buenas y correctas. El resultado de aquello no es Isaac, sino Ismael. Necesitamos pedirle a Dios que nos hable y nos muestre quién es, en realidad, el que hace estas cosas. Esto es crucial. Lo más importante es si lo hicimos por Dios o por nuestra propia cuenta. Comprendamos que las obras hechas “por amor a Dios”, que no proceden de Él y que son hechas sin reconocerlo como Padre, no tienen ningún valor espiritual. Dios debe conducirnos a ese punto. La pureza de la obra espiritual depende de cuánto procede de Dios y cuánto del yo.

Puesto que Abraham quería un hijo, debió comprender que Dios era el Padre y permitirle que fuera el Padre, haciéndose él a un lado. Abraham quería tener a Isaac, pero no debió tratar de engendrarlo por sus propios medios. En otras palabras, si queremos que Cristo herede la tierra y queremos representar a Dios, no debemos tratar de producirlo por nuestra propia cuenta. No debemos tomar la iniciativa; debemos hacernos a un lado. Esta prueba es la mayor y la más difícil, y en la que muchos fracasan con más frecuencia. Necesitamos recordar que la obra de Dios no solo debe estar libre de pecado, sino también de nuestros propios esfuerzos. Dios no solo se interesa por saber si lo que se hace es bueno, sino por quién hizo la obra. Desafortunadamente, es fácil pedirle a una persona que deje el pecado, pero no es fácil pedirle que haga a un lado sus propios esfuerzos. Que Dios nos lleve al punto donde podamos decirle: “¡Quiero hacer Tu voluntad! ¡Tú estás en mí y debes capacitarme para hacer Tu voluntad! ¡No estoy aquí para hacer Tu voluntad yo solo! ¡Tú tienes que ser el que actúe, no yo!”

Cualquier cosa que hagamos por nuestro propio esfuerzo, por buena que nos parezca, no puede satisfacer el corazón de Dios; aun si hacemos Su voluntad por nuestra cuenta, Él no se complacerá en ello. Lo único que satisface Su corazón es lo que El mismo hace. Aunque Dios se humilló a Sí mismo y está dispuesto a usarnos, debemos recordar que no somos más que servidores para Él. No podemos remplazar a Dios en nada. Solo podemos permitirle actuar por medio de nosotros; no debemos hacer nada por nuestra cuenta.

Alberto Fernández / 195 - noviembre del 2020

Permanecer en reposo

"Porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas". Hebreos 4:10

No es nada sencillo producir a Isaac. Abraham tenía que ser probado. Para poder ser el vaso de Dios, producir a Cristo y expresar Su autoridad, es necesario pasar por muchas pruebas. Después de Génesis 15, la Biblia nos muestra que Abraham fue probado tres veces en cuanto a su hijo, igual que lo fue en cuanto a la tierra de Canaán. Dos de estas pruebas ocurrieron antes del nacimiento de su hijo, y una después. Las tres pruebas prepararon a Abraham para producir a Isaac.

El capítulo quince nos dice que Abraham le dijo al Señor: “Dios, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?” Dios le dijo: “un hijo tuyo será el que te heredará”. Abraham creyó a Dios, y Dios se lo contó por justicia. Tanto la promesa de engendrar un hijo como la fe estaban presentes. Sin embargo, pasaban los días, los meses y los años, y no venía el hijo. Esto nos muestra que la fe tiene que ser puesta a prueba. La fe de Abraham creció paso a paso.

Génesis 16:1 dice: “Sarai mujer de Abram no le daba hijos”. Abram ya tenía ochenta y cinco años de edad, y Sarai su mujer no podía tener hijos. ¿Qué debía hacer? A estas alturas, su mujer le dijo: “Ya ves que el Señor me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella”. ¿Qué hizo Abraham? “Atendió Abram al ruego de Sarai. Y Sarai mujer de Abram tomó a Agar su sierva egipcia y la dio por mujer a Abram su marido” (vs. 2-3). La Biblia específicamente dice: “Al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán” (v. 3). Cuando Abraham llegó a Canaán la primera vez, Dios le prometió: “A tu descendencia daré esta tierra” (12:7). Justo antes de que acontecieran estas cosas Dios le volvió a prometer: “Un hijo tuyo será el que te heredará”. Sin embargo, cuando llegó a la edad de ochenta y cinco, todavía no tenía hijo. Abraham se impacientó y, a fin de tener un hijo, se llegó a Agar como concubina. Esta concibió y dio a luz a Ismael. La Biblia específicamente dice: “Era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael” (16:16).

Este es un asunto muy importante. Dios le había dicho a Abram que engendraría un hijo, pero debía hacerlo por medio de Sara, y esto sucedería cuando él tuviera cien años de edad. Sin embargo, Abraham acortó el tiempo catorce años al usar su propio esfuerzo. Además, el hijo fue engendrado por medio de Agar. Esta fue la primera prueba que Abraham confrontó en cuanto a su hijo.

Abraham creyó a la palabra de Dios; creyó que Dios le daría un hijo. Pero no comprendió que creer significaba que él debía cesar de sus propias actividades y esperar que Dios obrara. Tan pronto como creemos, debemos poner un alto a nuestra obra. Hebreos 4:10 dice: “Porque el que ha entrado en Su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las Suyas”. Cuando creemos, no debemos apresurarnos. Una vez que creemos, debemos permanecer en reposo. Abraham creyó a Dios, pero no aprendió la lección. No vio que al haber creído, debió haber esperado y no hacer nada por su propia cuenta. Pensó que para creer, debía ayudar a Dios y hacer algo. Consecuentemente, aceptó la sugerencia de su mujer, tomó a Agar como concubina, y engendró a Ismael. ¡Abram le ayudó a Dios! ¡Pensó que, ya que Dios le había prometido un hijo, él cumpliría la voluntad de Dios al llevar a cabo dicha acción! Todo lo que hizo fue actuar por su propia cuenta para que se cumpliera lo que Dios le había prometido, pero ese acto fue un fracaso.

Alberto Fernández / 194 - noviembre del 2020

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